MIGALA, Restos del incendio.


La Canción de Gurb, el Perro
El Pasado Diciembre
Noche desde un Tren
El Retraso
Ciudad del Oeste
Aquel Incendio
Un Puñado de Coincidencias
El Último Devaneo
Tiempos de Desastre
Instrucciones para Dar Cuerda a un Reloj

Lo que hay aquí son los restos de un incendio, las huellas de un tiempo y de una agitación. Su aspecto recuerda al de esas canciones escritas y grabadas hace tiempo en estaciones diferentes de diversos años que saltaron a la luz sobre la marcha.

Lo que alguna vez debió de ser algo acabado aparece deformado por un fuego que no ha llegado a consumirlo pero que ha arrasado por completo la capa más superficial de su pintura (como hace una noche de velatorio con el maquillaje de una dama).

Los que tocan (porque alguien toca) se pelean con algo que conocen de sobra, pero que parecen estar descubriendo de nuevo.

En definitiva, esta caja contiene lo que permaneció después de que aquel fuego, propagado en la grabación de Arde y extendido del todo a lo largo de varios meses de gira por Europa Occidental, finalmente se extinguiera.

Podrían ser viejas canciones pero son los restos de un incendio. Brillantes cenizas que anuncian quizás la posibilidad de algo nuevo.


LA CANCIÓN DE GURB, EL PERRO.
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EL PASADO DICIEMBRE.
Hay palabras rotas junto a la puerta de la cocina en una casa que ahora recuerdo. He estado intentando dibujar un bonito resplandor naranja en el cielo pero el cielo ha seguido siendo gris. Cerca del lago, ¡oh, el lago! donde solíamos patinar cada verano. Cerca de la carretera, ¡oh, la carretera! donde ella estrelló su coche el pasado diciembre. Más allá de la nieve del suelo del parking, en una calma de bosque detenido, algo besó mis labios tan suavemente como sólo los ángeles, los ángeles saben besar. Cerca del lago, ¡oh, el lago! donde solíamos patinar cada invierno. Cerca de la carretera, ¡oh, la carretera! donde ella estrelló su coche el pasado diciembre.
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NOCHE DESDE UN TREN.
Puedes ver la noche desde un tren. Puedes ver casas apenas iluminadas, piscinas vacías, luces lejanas y brillos. Y luego ya no sentirte bien, un escalofrío. Y luces lejanas, piscinas vacías y luces lejanas, piscinas vacías y luces lejanas, piscinas vacías y luces lejanas, piscinas vacías.
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EL RETRASO.
Ahora tiene uno o dos amigos, pero cuando era niña tenía una cacatúa que se comía los cigarros del abuelo y maldecía cuando el cura iba a casa. Días de sol, cabalgando las olas, ahora todo es gris pero juro que cuando tomó café con nosotros, un perro en sus rodillas, nos entristecimos. Y ahora, ella se ha decidido, pero no por ninguno de nosotros: va a tener un niño.
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CIUDAD DEL OESTE.
Esta ciudad del oeste, tan lejos de casa pero ahora frente a mi espesa memoria. Esta ciudad del oeste donde dejo mi maleta, yo, viuda de 25 primaveras. Esta ciudad del oeste. Esta ciudad del oeste. Ahora mis héroes están sordos y la belleza de ella se ha vuelto miedo plomizo pero estoy seguro de que los tambores de la infancia pueden salvarme. En esta ciudad del oeste. Esta ciudad del oeste. Esta ciudad del oeste.
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AQUEL INCENDIO.
Sí, es muy joven, usted sólo conoce la ciudad desde que la cruzó el tren, era muy diferente entonces, muy diferente, señor Scott, muy diferente. La primera vez que llegué a Simbow, fue en una diligencia. Algo muy parecido a esto. En fin.
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UN PUÑADO DE COINCIDENCIAS.
Un puñado de coincidencias, un romance embarrancado. Parece que nadie de por aquí hubiera sufrido excesivamente. Desde que la vida se ha llenado de espejos y la niebla lo rodea todo, leo en tu pupila un mensaje lejano. Y en tu interior 15 fantasmas cabalgan sus caballos contra el viento. Están listos para quemarte por completo con sus botellas de plástico llenas de gasolina. Por eso es por lo que el suelo se mueve bajo tus pies ¿Es este el planeta en el que quieres vivir? Dime cómo ocurrió, dime qué vas a hacer, ahora que ella se ha ido dejándote solamente tristeza. Y en tu interior 15 fantasmas cabalgan sus caballos contra el viento. Están listos para quemarte por completo con sus botellas de plástico llenas de gasolina.
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EL ÚLTIMO DEVANEO.
Hoy es un día de desastre. Estoy en el mismo bar. Gente conocida pasando de largo. Es sólo a mi primo a quién saludo, cuando sale a comprar pan y cigarrillos. Y a través del cristal las mujeres miran por encima del hombro. Debería hacer algo más en estos tiempos. Pero lo siento es lo mejor que puedo hacerlo. (Me pregunto si podré pagar la cuenta). Las parejas hablan de su pasado. Y es difícil hablar sin ira (De estos tiempos) pero me alegro de hablar sin ira. Ahora estoy contento que algunos se hayan casado y tengan hijos para su felicidad. Sé que debería estar haciendo algo más que leer poesía. Como hacía la chica con la que estuve aquí hace años. Me alegro de que algunos estén juntos. Y a través del cristal las mujeres miran por encima del hombro. ¿Debería hacer algo más en estos tiempos?
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TIEMPOS DE DESASTRE.
Todas las chicas de estos tiempos de desastre quieren una fiesta que no soy capaz de dar, así que aprendo cada noche nuevos bailes y aplausos y el compás de espera es el espectáculo. Cuando sería tan fácil darme un remedio por la noche. Algo de fuerza, de calor, junto a la pista de baile. Tan sólo el más suave 3 por 4 y tu moviendo la cabeza. Sin miedo, sin mantas, sin pastillas, ¡un himno! Todas las chicas de estos tiempos de desastre quieren una fiesta que no soy capaz de dar, así que aprendo cada noche nuevos bailes y aplausos y el compás de espera es el espectáculo. Después llega la mañana algunas veces realmente tranquila pero siempre llena de ecos de ti. El periódico hablando a gritos y la cuenta atrás del despertarse de los padres. El grito de una vida, el grito de una vida, el grito de una vida...
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INSTRUCCIONES PARA DAR CUERDA A UN RELOJ.
Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente un reloj, que los cumplas muy felices, y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo, pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de a atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se te rompa. Te regalan su marca y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia a comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.
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