La intensidad arrancaba palabras en mi cabeza. Poco después del concierto las pasé a papel. Pero no pueden describir las mismas sensaciones. Imaginaos que no están aquí. Abel reflejaba un sentimiento muy compartido.
No sólo tocaron sus canciones. Transmitieron como nunca todo lo que representan. Parecían dejar en el escenario todos aquellos momentos. Pero aún están viviendo mucho. Y quizá no puedan dejar de contarlo.
Alguien me pregunta si ellos saben lo bueno que son. Yo creo que no del todo, no importa. Las lágrimas quieren brotar. Don Manolo mira al jefe y piensa: ¿Podrá seguir adelante sin esos viajes?
Acabaron por el principio, Isabella, su primera canción. Y con la canción que cerró muchos de sus conciertos. Pero esta vez parecían no querer irse. Entre abrazos desaparecieron en el camerino. Se rompió el silencio de un público totalmente absorto
Me imagino que no están, y no quiero
El síndrome migala